martes, 17 de junio de 2008

Tiduam





Sólo sus recurrentes pesadillas alguna vez le sembraron la duda.

Aquella mañana frente al espejo de plata finamente pulida,
la metamorfosis tuvo lugar:
una gruesa barba le traspasaba la piel y se retorcía sobre ella,
unos dientes amarillentos y filosos laceraban sus encías,
y como descargas eléctricas en sus músculos,
los ácidos lácteos y sustancias corpóreas se debatían.

Confirmó que en verdad pertenecía a esa maldita raza
de los desterrados del acantilado de Tiduam,
que la galera en la que zozobraba en sueños,
existió,
y que había escapado de una muerte segura
por obra del mal.

Ahora,
al frente de su poderoso ejército de faunos
estremece naciones enteras,
y con terribles mugidos doblega conciencias.

¡Hay del que lo enfrente!

Su mirada infecta de rencor y venganza,
haría la tarea.






Inocente Pace
La Azarosa vida de George ( 1666 )


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