Sólo sus recurrentes pesadillas alguna vez le sembraron la duda.
Aquella mañana frente al espejo de plata finamente pulida,
la metamorfosis tuvo lugar:
una gruesa barba le traspasaba la piel y se retorcía sobre ella,
unos dientes amarillentos y filosos laceraban sus encías,
y como descargas eléctricas en sus músculos,
los ácidos lácteos y sustancias corpóreas se debatían.
Confirmó que en verdad pertenecía a esa maldita raza
de los desterrados del acantilado de Tiduam,
que la galera en la que zozobraba en sueños,
existió,
y que había escapado de una muerte segura
por obra del mal.
Ahora,
al frente de su poderoso ejército de faunos
estremece naciones enteras,
y con terribles mugidos doblega conciencias.
¡Hay del que lo enfrente!
Su mirada infecta de rencor y venganza,
haría la tarea.
Inocente Pace
La Azarosa vida de George ( 1666 )

No hay comentarios:
Publicar un comentario